Fracking y plásticos: una cadena de riesgos que también es un desafío para la salud pública

La extracción de hidrocarburos mediante fracking y la producción de plásticos forman parte de una misma cadena industrial que puede generar impactos ambientales y riesgos para la salud. En México, la cercanía de comunidades a zonas de extracción y la exposición a contaminantes plantean retos que requieren investigación, vigilancia epidemiológica y políticas públicas basadas en evidencia.
Fracking y salud pública – Blog ESPM-INSP

Hablar de fracking suele llevar la conversación hacia la producción de gas y la política energética. Sin embargo, sus implicaciones pueden ir mucho más allá de los pozos de extracción. Una parte de la discusión tiene que ver con la relación entre la extracción de combustibles fósiles, la industria petroquímica y la producción de plásticos, particularmente de aquellos destinados a envases y productos de un solo uso.

Esta conexión permite mirar el problema desde una perspectiva de salud pública: no basta con preguntarnos qué ocurre cuando un plástico se convierte en residuo, sino también qué impactos pueden generarse desde las primeras etapas de su producción.

La fractura hidráulica, conocida como fracking, permite extraer hidrocarburos no convencionales, entre ellos el gas de esquisto, un tipo de gas natural que se encuentra atrapado en formaciones de roca sedimentaria de muy baja permeabilidad, conocidas como esquistos. Debido a que el gas no fluye con facilidad hacia un pozo convencional, su extracción requiere perforaciones horizontales y la inyección a alta presión de grandes cantidades de agua, arena y otros materiales para fracturar la roca y liberar el hidrocarburo.

Entre las preocupaciones asociadas con esta actividad se encuentran las emisiones de metano, la contaminación del agua y la exposición a contaminantes atmosféricos. La UNAM ha señalado, por ejemplo, riesgos relacionados con emisiones de gases de efecto invernadero, consumo de agua y posibles afectaciones a los cuerpos de agua. [1]

Pero el vínculo con la salud pública no termina en el sitio de extracción. La cadena de producción de petróleo y gas incluye actividades de exploración, extracción, procesamiento, transporte y transformación petroquímica. Un estudio publicado en Science Advances en 2025 estimó que, en Estados Unidos, las distintas etapas del ciclo de vida del petróleo y el gas contribuyen a importantes cargas de contaminación atmosférica y a diversos efectos sobre la salud, incluidos muertes prematuras, nacimientos pretérmino, asma infantil y cáncer asociado con contaminantes atmosféricos peligrosos. Los autores también identificaron desigualdades en la exposición entre distintos grupos de población. [2]

Del gas fósil a los plásticos

El problema adquiere otra dimensión cuando se considera el destino de algunos de los hidrocarburos extraídos. El gas y sus derivados pueden utilizarse como materia prima para la industria petroquímica, incluida la producción de etileno, uno de los componentes fundamentales para fabricar distintos tipos de plástico.

Esto no significa que todos los plásticos provengan del fracking ni que exista una relación directa entre cada producto plástico y un pozo específico. La evidencia disponible permite hablar, más bien, de una cadena industrial en la que la expansión de la extracción de combustibles fósiles puede favorecer la disponibilidad de materias primas para la producción petroquímica.

Una investigación realizada por Stand.earth Research Group y el Center for International Environmental Law documentó precisamente algunas de estas conexiones. El estudio trazó las rutas de suministro entre gas obtenido mediante fracking en Estados Unidos, empresas petroquímicas y envases plásticos utilizados por más de 25 grandes marcas de consumo. [3]

La dimensión ambiental de esta cadena es considerable. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el ciclo de vida de los plásticos representó alrededor de 3.4 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en 2019. De los aproximadamente 1 800 millones de toneladas de emisiones asociadas con los plásticos ese año, cerca de 90 % estuvo relacionado con su producción y transformación a partir de combustibles fósiles. [4]

A ello se suma el crecimiento de la producción y el consumo de estos materiales. La contaminación plástica ya no puede entenderse únicamente como un problema de basura: involucra producción, consumo, emisiones, contaminación ambiental y exposición humana a lo largo de todo el ciclo de vida.

¿Qué significa esto para la salud?

Desde la perspectiva de salud pública, una de las principales preocupaciones es la exposición acumulativa. Las actividades de extracción y procesamiento de petróleo y gas pueden liberar contaminantes atmosféricos y otras sustancias con efectos potenciales sobre la salud. Al mismo tiempo, la producción y el uso de materiales plásticos pueden implicar exposición a diferentes sustancias químicas y partículas.

En México, esta preocupación adquiere particular relevancia en regiones donde coinciden actividades de extracción de hidrocarburos y comunidades que habitan cerca de los sitios de producción.

Un estudio de cohorte retrospectivo sobre la provincia petrolera de Burgos —que comprende zonas de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila— analizó información de nacimientos registrada entre 2017 y 2021. La investigación encontró una asociación entre la cercanía de los pozos de gas y una mayor frecuencia de determinadas anomalías congénitas en recién nacidos, entre ellas alteraciones del sistema digestivo, circulatorio y genital, así como fisura de paladar y labio leporino. Los propios autores señalan que estos resultados deben interpretarse como evidencia de una asociación y que es necesario continuar investigando la relación entre exposición y efectos en salud. [5]

Este punto es importante: encontrar una asociación epidemiológica no equivale, por sí mismo, a demostrar causalidad. Precisamente por eso, la vigilancia epidemiológica, la investigación independiente y la regulación basada en evidencia son componentes esenciales de una política de salud ambiental.

Una discusión que no puede quedarse en los residuos

La contaminación por plásticos suele hacerse visible cuando encontramos botellas, bolsas, empaques o fragmentos de plástico en calles, ríos y mares. Sin embargo, concentrar toda la discusión en la disposición final puede dejar fuera una parte fundamental del problema: cómo y con qué materias primas se producen estos materiales.

La comunidad internacional ha reconocido esta dimensión. El proceso impulsado por Naciones Unidas para desarrollar un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre contaminación por plásticos contempla abordar el ciclo de vida completo de estos materiales, incluida su producción, diseño y disposición. Las negociaciones continúan en 2026 y se prevé una nueva etapa formal del proceso en 2027. [6]

Para México, esto plantea una pregunta de política pública que va más allá de prohibir o sustituir determinados productos: ¿cómo reducir los riesgos para la salud y el ambiente asociados con toda la cadena de producción y consumo?

Responderla requiere considerar conjuntamente la política energética, la regulación ambiental, la vigilancia de la salud, la gestión de sustancias químicas y las estrategias para reducir la producción y el consumo innecesarios de plásticos.

El desafío consiste en pasar de una visión fragmentada —un pozo por un lado, una planta petroquímica por otro y los residuos plásticos como un problema por separado— a una perspectiva de salud pública capaz de reconocer las conexiones entre ellos.

Por: Larisa de Orbe y Marlene Cortez Lugo
Instituto Nacional de Salud Pública
Adaptación: Redacción ESPM

Referencias

  1. UNAM. Fractura hidráulica (fracking). Coordinación de la Investigación Científica. Disponible en: https://www.cic.unam.mx/fracking/
  2. Buonocore JJ, et al. Life cycle air pollution, climate, and health damages of fossil fuel and renewable electricity. Science Advances. 2025;11(2):eadp1471. doi:10.1126/sciadv.adp1471
  3. Stand.earth Research Group; Center for International Environmental Law. Plastic’s Carbon Footprint. 2021. Disponible en: https://www.ciel.org/reports/plastics-carbon-footprint/
  4. OCDE. Global Plastics Outlook: Economic Drivers, Environmental Impacts and Policy Options. OECD Publishing; 2022.
  5. Ramírez-Cervantes MA, et al. Asociación entre pozos de gas y anomalías congénitas en la provincia petrolera de Burgos, México. 2024.
  6. UNEP. Intergovernmental Negotiating Committee on Plastic Pollution. Disponible en: https://www.unep.org/inc-plastic-pollution
Nota editorial Esta propuesta retoma y desarrolla, con una redacción propia para el Blog ESPM, los planteamientos de la columna de Larisa de Orbe y Marlene Cortez Lugo publicada originalmente en El Universal el 31 de mayo de 2026. Disponible en: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/greenpeacemexico/fracking-y-plasticos-el-engranaje-toxico-que-amenaza-la-salud-ambiental-en-mexico/